Miércoles.
Casi siempre que voy a comprar algo que necesito a una tienda, farmacia o almacén,
la persona que atiende es un/a aburrido/a.
Ya no me sorprende tener que encontrar a un ser que odia realizar su trabajo, malhumorado,
y que te mira con una cara de desprecio severo detrás del mostrador...
- ¿A cómo cuesta esa sombrilla?
- ¿Va a comprar o no?
- ¿Me la podría mostrar?
- ¿Va a comprar o no?
- Sólo quisiera verla para ver si me animo.
- Estoy ocupado. ¿Va a comprar o no?
También hay de esos "atendientes" que se pasan horas al teléfono, y cuando uno entra
a preguntar algo ni siquiera le dan pelota y siguen su conversación como si uno
fuera invisible. Los veo ahí, haciendo buclecitos con el cable del teléfono rojo
y mascando un chicle interminable...
Por el barrio en que vivimos no hay muchas tiendas. Pero la más cercana está a cuatro cuadras. Se abrió recién la semana pasada.
Contra lo normal y cotidiano, esta humilde venta se lleva un montón de aplausos.
Es atendida por una señora y su hijo. Gente sencilla y calmada.
Lo lindo de ir a comprar ahí es que siempre te reciben con un saludo, un buenos-días,
muy buenas-noches, el buenas-tardes, y aparte de que los precios no están subidos
ni alterados, mientras uno va comprando la señora te aconseja y te dice que cosas podrías
llevar que te saldría más barato.
Estaba comprando unas galletas en varios paketitos sueltos, pero doña Marcela salió con un:
-Le conviene llevar este otro pakete (+grande) señor, le va a salir más barato.
Como que ahí uno siente que la persona que te brinda el servicio se está preocupando
por ti, el cliente, y no tiene solamente la pair-word de ganar-dinero tatuada en el encéfalo.
- ¿Cuánto es?
- 3 cincuenta.
- Aquí tiene.
- Su cambio...
- Listo.
- ¡Gracias!
Esta tiendita es modesta.
La gente que la atiende la tiene como único ingreso económico.
Algo que he aprendido estos días al frecuentarla es la importancia de pronunciar
gracias.
No sé si es la melodía gutural que brota de esa señora o la sinceridad con que pronuncia
la palabra, pero hace bastante tiempo que no me sentía tan bien escuchando un simple
¡gracias!.