Durante los días que estuvimos ocupados y me olvidaste, y te pusiste a pensar sólo en vos, dijiste no me importás, dejá de hacer esas cosas que ahora no puedo, y yo deambulé solo con mi soledad en el trabajo de los vacíos bolsillos y decidí cumplir con rectitud responsabilidades que no pensaran en vos, y no dijeran de ti. Lo que esperaba.
Supimos pasar los días en cada una de las semanas, asistiendo a horarios y desarrollando informes, percudidas palabras, obscenas acciones para aportar algo en esa organización y otros, ellos que acompañaban nuestro peregrinar por las anginas del cruel recuerdo asociado. Todo el tiempo de ayer fue olvidarte. Decir que se estaba yendo a oficinas de verdes papeles y mal firmadas hojas con el silencio empapando las teclas.
Una rata comía el cuello del hambrunoso tiempo y sólo esas calaveras rosáceas estaban cosiendo cóndilos contra tus huesos tristes.
Sombrearé los pasillos donde pasen ligeros los sueños aborrecidos y me dedicaré a decir que este es mi tiempo fabuloso, donde a cada paso hallo felicidad y sentimientos buenos, de aquellos que guardan miel, saben a azúcar, o huelen a espantosa brea. Que se cultivan flores malditas en las esquinas de mi derrotado esfuerzo y que soy feliz aunque no quiera.
Palabras clave: Ficción